SOURCE: Etar Ltd

May 03, 2011 09:37 ET

La ola inflacionaria mundial: ¿A la espera de Constantino? Por Alexander Mirtchev y Norman Bailey

"La inflación siempre será un fenómeno monetario". - Milton Friedman

WASHINGTON, DISTRITO DE COLUMBIA--(Marketwire - May 3, 2011) - Nota del editor: Hay dos fotos asociadas con este comunicado de prensa.

Tras la crisis económica mundial, el mundo está intentando trazar una ruta económica hacia el futuro y encontrar una "nueva referencia". Según lo explican el Dr. Alexander Mirtchev y el Dr. Norman A. Bailey, la inflación como factor de seguridad económica mundial tiene una capacidad innata de trastocar planes cuidadosamente elaborados y de alterar más aún el equilibrio.

Desde que ha existido la emisión sistemática de monedas, ha habido gobiernos muy interesados en controlarla. Algunas políticas, por supuesto, han sido efectivas, mientras que otras definitivamente lo han sido menos.

Un ejemplo de esta última categoría es el intento del emperador romano Diocleciano (284-305 dC) de encontrar una solución a las turbulencias socioeconómicas que asediaban su mundo.

Enfrentado a incursiones bárbaras, disturbios nacionales, una baja en la producción y un aumento en los precios, el emperador impuso controles de precios y devaluó la moneda, el denario de plata. Estas medidas ocasionaron escasez, un aumento de precios aún más pronunciado, una economía de trueque con un mercado negro creciente, en un ambiente rodeado de dificultades y malestar social.

El sucesor de Diocleciano, el emperador Constantino (306-337 dC), quien se hizo famoso por su conversión al cristianismo y por fundar la ciudad de Constantinopla, fue, en su época, cuando menos igual de famoso por su reforma monetaria.

Implementó una serie de medidas y políticas audaces, algunas comparables con el entendimiento moderno de disciplina fiscal, ejemplificado con el reemplazo del devaluado denario con una moneda de oro, a la que llamó el sólido, en uno de los primeros y brillantes ejemplos de manejo de relaciones públicas.

Esta moneda mantuvo su "solidez" durante 700 años, un lapso de tiempo no igualado por ninguna otra moneda en época alguna. Notablemente, gran cantidad de estas monedas aún se encuentran en lugares tan distantes de Roma como China.

Las lecciones de la historia tienen una tendencia a repetirse. En respuesta al colapso económico y en búsqueda de una recuperación, los gobiernos alrededor del mundo han adoptado políticas que se asemejan más a la visión de Diocleciano que a la de Constantino.

Enfrentados con múltiples desafíos tras la crisis económica y financiera mundial, los gobiernos han adoptado una serie de políticas casi como algo común, siendo una de las más notorias la conocida como facilitación cuantitativa (quantitative easing), que incrementa la emisión de dinero para aumentar la liquidez.

Algunos bancos centrales, más significativamente la Reserva Federal de los EE. UU., están manteniendo la política de monetizar directamente la deuda federal (también conocida como facilitación cuantitativa), medida que consideran, si bien no antiinflacionacionaria, al menos como la solución preferida ante la posibilidad de una deflación.

En noviembre de 2010, la Reserva Federal implementó un programa de USD 600 mil millones para la compra directa de valores del Tesoro a seis meses para impulsar tasas a largo plazo y estimular así la recuperación frente a la "gran recesión" e iniciar la reducción de las tasas de desempleo.

El Banco de Inglaterra continuó también un programa de compra de activos en el orden de los GBD 200 mil millones, a pesar de una creciente divergencia de opiniones con el Comité de Políticas Monetarias. El Banco Central Europeo ha estado llevando a cabo un amplio programa de compra de activos desde mayo de 2009, que todavía se mantiene.

No obstante, como señalara Adam Fergusson en su libro "When Money Dies" (Cuando muere el dinero), la facilitación cuantitativa pudiera considerarse como un "eufemismo moderno para el financiamiento encubierto del déficit en una era electrónica", lo que no "puede menos que convertirse en un asalto en materia de disciplina monetaria" que aumenta el momentum inflacionario.

En otra línea importante de acontecimientos posteriores a la crisis, varios países han sucumbido también a las ventajas percibidas de políticas que pudieran contribuir también con un incremento de la inflación. Algunos como China, están llevando a cabo una política de tasas de cambio fijas que afecta su suministro de dinero.

Mientras tanto, India y Turquía, si bien mantienen una política cambiaria flotante, son susceptibles a los efectos de la facilitación cuantitativa mundial. De hecho, algunas economías emergentes de gran crecimiento, en particular Brasil, están respondiendo al flujo masivo de efectivo de corto plazo en sus economías mediante la implementación de restricciones a inversiones extranjeras y otros controles de capital.

Sin intentar consideraciones de índole divina que fueron relevantes siglos atrás, Constantino probablemente hubiera cuestionado tales enfoques.

En resumidas cuentas, independientemente de las distintas políticas, al oeste del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y en otros países, las preocupaciones inflacionarias están aflorando en todo el mundo. Si bien la inflación estadounidense se mantiene en el rango pronosticado, con un persistente desempleo que tiene las demandas salariales a niveles bajos, los precios en aumento de las materias primas y otras presiones inflacionarias están aplicando una presión contraria.

La inflación en Gran Bretaña ascendió a 4% en enero de 2011, el doble del objetivo gubernamental. El pronóstico inflacionario del Banco Central Europeo, si bien más optimista que el de Gran Bretaña, subió de 1,8% a 2,3% luego del aumento de los precios del petróleo. Pero en ciertos países, la inflación ha sobrepasado el promedio de la UE, tal como el 3,2% registrado en Bélgica en enero de 2011.

En las economías mundiales en rápido desarrollo, la situación es diferente, pero los resultados son similares. La arrolladora vuelta al crecimiento de China ha estado acompañada de un aumento en el consumo y de presiones salariales. Cuando se combina con la debilidad continuada de la moneda china, no es sorprendente que, de acuerdo con las cifras gubernamentales, los niveles de precios escalaran a 4,9% interanual en enero de 2011.

Mientras tanto, el índice de precios al consumidor en Rusia alcanzó el 8,8% en 2010, subrepasando el 5,5% que estimaba viable el gobierno para finales del verano, y ahora se ha disparado a más del 10%. Y aunque Brasil tiene una tasa de crecimiento que es la envidia de varias economías, la tasa de inflación se estima que alcanzará el 5,8%, muy superior al 4,5% que tiene estimado para el año el banco central.

Aunque la "Gran Recesión" no ha terminado ni nada que se le parezca, y la ocurrencia de otro colapso no resulta inconcebible, los precios de las materias primas están por las nubes, ayudados por las sequías (en China), inundaciones (en Australia), disturbios civiles (en todo el Medio Oriente) y una serie de otros factores.

En el año transcurrido de febrero de 2010 a febrero de 2011, todos los precios de las materias primas subieron un 50% en términos de dólares estadounidenses. Empresas desde productores de snacks hasta acerías están padeciendo costos exponenciales en materias primas. Estos aumentos amenazan cobrar vida propia y adquirir una dinámica más allá del alcance de los planes de contingencia existentes.

Los gobiernos en todas partes están respondiendo con la devaluación de la moneda, aplicando restricciones de precios, aumentando tasas de interés o imponiendo controles de cambio, de cierta forma leales al legado de Diocleciano. En algunos casos, están intentando ofuscar los aumentos de precios, al cambiar definiciones, alterar la composición de los índices o aplicar estadísticas creativas.

No obstante, sólo engañan a unos pocos. Los ciudadanos saben en términos reales cuánto pagan por la comida, combustible, bienes para el hogar, ...y la lista es interminable.

La respuesta a estos desafíos es predecible, una creciente incertidumbre, descontento y una tensión en aumento. En realidad, lograr el equilibrio de las políticas correctas enfrenta varios impedimentos prácticos. Entre los principales están las presiones políticas y económicas que convergen de la estructura de la historia moderna.

Las presiones simultáneas tanto de la fragmentación como de la integración que surgen del mundo post-Guerra Fría, liderado por la globalización y debilitado por la recesión, no solamente han creado gobiernos confundidos, sino que también han obstaculizado la capacidad de esos gobiernos de actuar coordinadamente para beneficio recíproco.

En cambio, se buscan soluciones del tipo diocleciano, que están destinadas a producir externalidades económicas, aumentando la presión política. Notablemente, como a los países del "primer mundo" les está yendo mejor que a los del segundo y tercer mundo, comienzan las acusaciones, sobre el trasfondo de efectos disparatados que se están sintiendo particularmente en países menos desarrollados.

Hay que reconocer que la posición de la Reserva Federal en relación con la debilidad comparativa actual de amenazas inflacionarias como resultado de la política estadounidense de facilitación cuantitativa es una visión legítima que, sin embargo, representa un extremo del espectro. Otra posición que pudiera resultar de incluso mayor relevancia en el mediano y largo plazo está representada en comentarios como los realizados por el historiador H. J. Haskell quien indicó, al comparar a la Roma de Diocleciano con los Estados Unidos de Franklin Roosevelt, que el impacto de la inflación inducida por la facilitación cuantitativa es de mucho mayor alcance y estructuralmente significativa.

"El deterioro de carácter que acompañó a la avalancha repentina de excesiva riqueza minó la República", comentó en su libro "The New Deal in Old Rome". "Posteriormente, en una sociedad desestabilizada por el resentimiento social, el gasto público extravagante resultó ser fatal. ... El gasto en obras sociales improductivas, en burocracia y en el ejército, condujo a impuestos excesivos, inflación y a la ruina de una clase media fundamental y de sus líderes".

Surgen consideraciones similares en relación con los otros vectores del manejo de la turbulencia post-crisis.

Si bien dista mucho de ser comparable con la situación de la República de Weimar de 1920, la trayectoria inflacionaria se puede ver como llegando a un punto crítico.

Vale mencionar que la inflación como factor de seguridad económica mundial tiene la capacidad innata de trastocar planes cuidadosamente trazados y de alterar aún más el equilibrio, en particular siendo una fuente de penurias económicas que solamente un número limitado de actores estatales pueden afectar a través de sus políticas nacionales. En presencia de cataclismos subyacentes tras disturbios en África del Norte y el Medio Oriente.

Con la persistencia de prospectos de crecimiento en tensión, el fantasma de la inflación resulta aún más preocupante. En las circunstancias actuales, la sabiduría actual simplemente no funcionará.

¿Deberíamos estar buscando al nuevo Constantino? Hasta ahora, nadie se ha manifestado.

Fuente: The Globalist

Dr. Alexander Mirtchev, presidente, Royal United Services Institute for Defence and Security Studies (RUSI) International; vicepresidente, RUSI

Dr. Norman A. Bailey, profesor adjunto, The Institute of World Politics; presidente, Institute for Global Economic Growth

Para ver las fotos asociadas con este comunicado de prensa, sírvase visitar los siguientes enlaces:

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